Suficientemente triste,
el sol se refugió en la noche.
Se negó a salir,
se negó a pronunciar palabras de luz.
Oscurecido por la ausencia,
se negó a despertar almas.
El sol jamás volvió a perturbar la mañana,
murió desconsolado,
pensando en el silencio del crepúsculo y la aurora.

El sol a veces nos castiga y da paso nomás a la noche fría y oscura. Lo bueno es que la oscuridad no es para siempre, e irremediablemente el sol regresará para llenarnos de luz y de calidez. Confiemos que así sea.
Besos.